"Ahora estoy convencido de que... hemos seriamente tergiversado a menudo las creencias y las prácticas de la comunidad mormona. De hecho, déjeme decir francamente a la gente SUD aquí esta tarde, hemos pecado contra ustedes. El Dios de las escrituras ha indicado que es una cosa terrible levantar falso testimonio contra nuestros vecinos, y hemos sido culpables de esa clase de transgresión en cosas que hemos dicho sobre ustedes. Le hemos dicho lo que ustedes creen sin primero hacer un esfuerzo sincero de preguntarles lo que creen... de hecho, hemos incluso a veces dicho que ustedes son demonios, tejiendo teorías de conspiración sobre lo que la comunidad SUD está 'realmente' intentando lograr en el mundo." - Filósofo Evangélico Ravi Zacharias. 2004 -

domingo, 17 de junio de 2012

MATRIMONIO HOMOSEXUAL. MI POSICIÓN COMO CREYENTE Y LIBERAL.


Alfredo, quien dirige la web El Liberalismo Democrático y Clásico, me invita a compartir mi opinión sobre los matrimonios homosexuales. Me envía el siguiente mensaje en Facebook, pero creo que es más conveniente responder mediante otras publicaciones que permiten comentarios más extensos:

Solo queria saber su postura sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo ya que siendo mormón, también pensaba que tenían uds. problemas con las leyes matrimoniales y bueno, su perspectiva sería interesante.”

Considero este tema verdaderamente interesante, desde un aspecto social y moral. Pero antes creo que es necesario aclarar algunos conceptos para entender mejor mi postura como mormón practicante y activo en la Iglesia, con responsabilidades docentes y miembro del Quórum del Sacerdocio.

Alfredo comenta la posibilidad de que los mormones podemos tener problemas con las leyes matrimoniales. No es así, porque los mormones no somos polígamos. La práctica de la poligamia finalizó a finales del siglo XIX, como se puede consultar en los archivos históricos de la Iglesia, y también desde entonces la postura de la Iglesia de Jesucristo ha sido muy clara al respecto, incluso contra los grupos escindidos (muy minoritarios) que han seguido practicando la poligamia y que se autoproclaman así mismos como mormones. Estos grupos suelen aparecer en los medios de comunicación españoles. Medios que, normalmente, no están en absoluto documentados con respecto a nuestra iglesia, nuestras creencias ni nuestra conducta en la sociedad.

Hace unos años escribí sobre el particular por causa de una confusión, muy habitual, que se dio en un programa de Onda Cero que escuché cierto día por pura casualidad. Hay un breve resumen y un audio de apenas unos minutos en el siguiente enlace:


Por tanto, los miembros de la Iglesia de Jesucristo (o mormones), no solo no tenemos ningún inconveniente con las leyes matrimoniales de los países donde estamos establecidos, sino que, además, en Estados Unidos, Canada, y creo que Australia y N. Zelanda - aunque no estoy seguro ahora al respecto – los matrimonios celebrados en nuestros templos tienen validez civil y legal. No así en España, donde nos casamos en juzgados o ayuntamientos y posteriormente en el Templo de Madrid.

Otra aclaración que creo necesaria es nuestra postura específica respecto a la existencia humana. Los mormones participamos completamente de la vida social, política y científica... etc., aunque nos definimos como creacionistas. Para comprender mejor este punto de vista, que está íntimamente relacionado con el matrimonio y la familia, creo necesario que conozcan el siguiente manifiesto, realizado por el Presidente Gordon B. Hinckley en 1995, y que define perfectamente nuestra posición concerniente al asunto.


Para finalizar, citaré aquí, dos apuntes más que definen la postura de todo mormón activo en la iglesia:

El 11º Artículo de Fe de la Iglesia de Jesucristo proclama lo siguiente: Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen.

Este principio se hace extensivo a cualquier punto de vista social o de otra índole del individuo, exceptuando lo que pueda incurrir en la comisión de cualquier delito. De hecho, esto queda suficientemente ampliado en la Sección 132 del libro de Doctrina y Convenios, que reclama el derecho de todo ser humano a desarrollar su propia conciencia, creencia, posición política, etc.

Todo lo apuntado anteriormente fija unas bases liberales que a los miembros de la Iglesia, como es mi caso, nos llevan a tomar la siguiente posición respecto a los matrimonios de personas del mismo sexo. Posición que considero muy sencilla, precisamente por que se basa en los principios en los que creemos y tratamos de compartir. Ahora voy a personalizar en mí el comentario.

Como miembro de la Iglesia, creyente y practicante, no apoyo bajo ningún concepto la homosexualidad en ninguna de sus variantes. Creo firmemente que la homosexualidad está en contra el principio ordenado por Dios respecto al matrimonio, la familia y el progreso eterno del individuo. Así mismo, creo que quienes pretenden justificar la existencia de la homosexualidad con conceptos tales como ser algo “natural”, o “presente en la historia de la humanidad desde el principio”, tratan de establecer su necesidad de justificarse con argumentos que no llevan a ningún resultado espiritual como cristianos.

Pero, como miembro de la Iglesia, mi propia fe me lleva a defender el derecho de toda persona a vivir bajo los dictados de su propia conciencia y libertad. De modo que, si alguien quiere mantener relaciones con personas de su miso sexo, o los legisladores de un país aprueban la validez legal de los matrimonios entre personas del mismo sexo, yo tendré que respetar el hecho de que tales personas decidan conducirse así en sus propias vidas. Aunque, por supuesto, yo he desaconsejado a mis hijos el que lleguen a conducirse de ese modo en sus vidas, del mismo modo tendré que respetar en ellos, como en cualquier otra persona, el derecho que Dios concedió a todos para ejercer nuestro libre albedrío.

Mi postura liberal, como miembro de la Iglesia, me lleva también a luchar contra cualquier tipo de persecución hacia los homosexuales, precisamente porque deben respetarse sus propios derechos. Pero, por descontado, reconozco que me siento agredido cuando cualquier homosexual radical me persigue por el hecho de ser creyente y no apoyar la homosexualidad. Para estos radicales, el no apoyarles es equivalente a perseguirles. Al fin y al cabo son fanáticos, como puede darse el fanatismo en cualquier colectivo.

Estoy muy agradecido a Alfredo, a quien considero hombre cabal, por esta oportunidad para compartir mi punto de vista respecto a esta polémica. Estoy disponible para cualquier aclaración o duda sobre mi parecer. Un saludo a todos.
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viernes, 1 de junio de 2012

GLAMUR MORMÓN

Un interesante artículo publicado el 12 de febrero en El Periódico de Aragón.






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